Lo 10 rincones secretos de Nantes

Terraza del Bon Pasteur – Vistas impresionantes a la Basílica de Saint-Nicolas

A simple vista, el Bon Pasteur no es más que un bar de barrio clásico. Pero si subes por la escalera del fondo, descubrirás una gran terraza que da a la Basílica de Saint-Nicolas. Solo los parroquianos conocen este lugar que no dudan en acudir para tomarse un spritz bajo los grandes parasoles rojos. Bastante mágico al ponerse el sol.

3, place du Bon Pasteur

Gimnasio Armand-Coidelle – Hacer deporte en unos antiguos grandes almacenes

Este sorprendente gimnasio despliega en tres pisos una decoración impresionante: balustradas de hierro forjado, un gran vitral y parqué del siglo pasado. Aquí se hallaba a principios del siglo XX el gran almacen À Réaumur, especializado en ropa y complementos. Los lugareños lo vieron convertirse en gimnasio en los años 60 sin perder su marchamo característico. Los visitantes tienen permiso para entrar y echar una ojeada, evidentemente sin molestar a los púgiles ni a los gimnastas.

10, rue Lafayette

Las Riberas del Erdre – Verde paraiso

El rey Francisco I dijo que este río era “el más bonito de Francia”. Aprovecha el encanto del río Erdre, una joyita que se pierde dulcemente en el centro de Nantes. Si vas río arriba, los caminos que bordean el río esconden rincones de naturaleza tranquilos, apenas alterados por el paso de corredores y caminantes.

Aux P’tit Joueurs – El bar que esconde unas pistas de bolos nanteses

Este bar con una fachada inocente alberga en su sala trasera una auténtica bolera nantesa. El visitante puede jugar por 2 € la partida e incluso, si lo desea, tener presente los consejos amistosos de los parroquianos. Y además de tomar algo, podrá saborear un plato de cocina casera excelente o disfrutar de conciertos rodeado de la especial decoración del bar.

23, rue du Port Guichard

Manoir de la Psalette – Una residencia burguesa muy discreta

Si la flamígera catedral Saint-Pierre-et-Saint-Paul es uno de los monumentos emblemáticos de la ciudad, la pequeña maravilla de arquitectura gótica del siglo XV adosada a la fachada sur es mucho menos conocida. Se trata de la antigua residencia del vicecanciller de Bretaña y por eso estuvo mucho tiempo escondida de las miradas. Ese tesoro con una bonita torreta esquinada se encuentra al fondo del square de la Psalette, a la que llegan escasos peatones y todos los gatos del barrio.

5, impasse Saint-Laurent

Jardín del pasaje Sainte-Croix – Un islote de naturaleza en pleno centro de la ciudad

Es propiedad de la Diócesis de Nantes, el jardincito adosado a la iglesia Sainte-Croix está abierto al público. Alrededor de la minúscula fuente central, nos cruzamos con grupos de estudiantes que vienen a aprovechar la quietud del lugar, cogiendo a su paso alguno de los higos que maduran ante los vitrales. Como anécdota hay que contar que este pequeño edén urbano se alza sobre el antiguo claustro y el cementerio de la iglesia.

9, rue de la Bâclerie

Chez Marius – La terraza más secreta Nantes

Hay que superar el porche del número 6 de la calle des Carmélites, caminar un poco, girar a la izquierda y pasar la puerta de color verde gris para desembocar en la magnífica terraza de Chez Marius, bar de La Compagnie du Café Théâtre. Y no temas, que no hay que entrar a ver un espectáculo para tomarte algo en el lugar donde antes se hallaba el convento de los Carmelitas y donde ahora crecen un bonito jazmín y un olivo espléndido. El lugar está abierto al público de las 19h a medianoche.

6, rue des Carmélites

L’Atelier – Una galería de arte escondida

Detrás de una elegante puerta maciza decorada con motivos inspirados en el arte africano, hay un caminito adoquinado que conduce a un espacio que fue un almacén, una cuadra y hasta una bodega de vinos antes de convertirse en el taller de Gérard Voisin, un escultor de madera. El artista ha cedido a este magnífico espacio de 500 m2, que contiene cinco salas que gravitan alrededor de un patio cubierto muy luminoso. Exposiciones de arte contemporáneo.

1, rue Châteaubriand

Maison Bertille – El restaurante secreto…

Desde la calle es difícil adivinar que detrás de esta charcutería fina se esconda un adorable restaurante. La escalera del fondo conduce a los iniciados hasta mesas donde se sirve un delicioso velouté de zanahorias al comino, un gratin de raviolis, la tarta de alcachofas y tocino o unas sabrosísimas paupiettes de ternera. Comida casera preparada con amor y productos frescos para todos los bolsillos. Fórmula mediodía 12 € (entrante-primero o primero y postre).

10, rue des Trois Croissants

Cascada del jardín japonés – Evasión nipona en plena urbe

La Île de Versailles posee un maravilloso jardín japonés que invita al relax y a la meditación. Los visitantes de paso suelen olvidarse de pequeño parque zen, donde se hallan pabellones de estilo japonés, bambús y hasta una cascada cerca de un puentecito de madera típicamente rojo. Siéntate en una roca y disfruta del rumor del agua hasta que te invada la serenidad.

Quai de Versailles
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Un jardín secreto, una mesa confidencial, una galería de arte discreta… Aparte de las visitas imprescindibles, Nantes reserva agradables sorpresas.
Te presentamos unos breves apuntes de direcciones que los nanteses se pasan de boca a oreja.

¡Ahh, qué difícil es vida del turista! Cuando ya has visitado el Castillo de los Duques de Bretaña, las Machines de l’Île, la catedral de San Pedro y San Pablo, el Pasaje Pommeraye, el Lieu Unique y hasta el pueblecito de pescadores de Trentemoult… resulta que Nantes desvela otras riquezas, aunque las mantiene bien escondidas.

Refugios secretos, rincones de naturaleza protegidos o lugares insólitos que muy a menudo desconocen hasta los propios lugareños.

¿Y si te asomaras a esa sala de deportes rococó que se halla en un antiguo gran almacén? ¿O a ese bar sorprendente que esconde unas pistas de bolos nanteses y que están abiertas al público? ¿A esa terraza escondida de la vista de los peatones y que levita frente a la basílica de Saint-Nicolas?

Este es nuestro sencillo paseo en imágenes por las calles de Nantes en busca de hallazgos sorprendentes.

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