Veillée au coin du feu
Les tentes

¡Duerme en un zoo!

¿Qué te parecería pasar una noche mágica en vivac rodeado de un entorno africano, entre cebras, ñus y antílopes? Disfruta de un minisafari privado, de una cena exótica ante el fuego y duerme en una magnífica tienda logde.
Esa es la idea de Planète Sauvage, un zoo muy distinto a los demás situado junto a Nantes. Nosotros hemos vivido la experiencia.

Todo el parque de animales para nosotros

“Es increíble, parece como si realmente estemos en la sabana”. Silvia obre unos ojos como platos extasiada ante la gran llanura que rodea el campamento que acabamos de elegir tras un mini safari privado en camión. El safari empieza cuando cierra el parque, por la tarde, a la hora en que los visitantes suelen irse. Es un privilegio muy especial observar a los cuidadores cómo conducen a los animales a sus refugios y oír los comentarios de Rémy, nuestro ángel guardián de la noche. “¿Lo has oído? El hipopótamo es uno de los animales más peligrosos del mundo”. Tras un pequeño desvío para dejar a nuestros compañeros en el vivac Mongolia (1), nuestra aventura empieza en Tanzania.

(1) Planète Sauvage dispone de dos fórmulas vivac: Mongolia y Tanzania. Cada una tiene sus particularidades, su entorno y sus animales.

Photo T. Le Gourrierec Photo T. Le Gourrierec

Rodeados de animales salvajes

Alrededor de nuestro campo base, cebras, ñus, antílopes, y grandes kundús retozan tranquilamente sobre la hierba maltratada por el sol, separados por cercas de madera de nuestro campamento con espaciosas tiendas lodges. “Tengo la impresión de que esta vez somos nosotros los que estamos en una jaula”, suspira Romain mientras no deja de presionar el botón de su cámara de fotos. Aguzando el oído se pueden oír los leones y los elefantes, que campan a sus anchas en el zoo. Hay que decir que Planète Sauvage no es un zoo como los demás: sus 150 especies animales viven en semilibertad en un espacio de 80 hectáreas por donde circulan coches que avanzan discretamente para observarlos de cerca. La inmersión es impresionante.

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Conversaciones con el guía alrededor de una cena africana

Vamos al comedor de madera para tomar algo. Los aventureros del día asaltan a preguntas a Rémy, quien parece realmente disfrutar respondiéndolas. “¿Qué si una jirafa puede matar a un león? Por supuesto, son animales sorprendentes que, a pesar de su aparente fragilidad, pesan una media de 1,6 toneladas”. “¿Cómo se amaestra a un elefante? ¿Por qué el antílope sopla así por la nariz? ¿Cuánto tiempo hace que trabajas aquí? Pero, ¿cómo se protegen los cuidadores cuando entran en el recinto de los tigres? ¿Y qué estamos comiendo? Ah, sí es verdad. Como entrante, tenemos chorba, una sopa de verduras del Magreb que se está cociendo en un fuego de leña. De primero, hay thiebudiene, un plato típico del Senegal a base de arroz y pescado. Luego llegan las brochetas de buey, y por último el thiakry, un postre a base de yogur y sémola de mijo. Los cebús acuden a beber a la charca cercana a la vez que los ayudantes echan una mano en la preparación de este pequeño festín que termina a la luz de las linternas.

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Noche junto al fuego bajo las estrellas

“Es realmente como si estuviera en otro lugar, me recuerda al viaje al Rajastán”, confiesa Martine. Céline y Sébastien vienen desde las afueras de París “en busca de este lado salvaje”. La aventura agrupa a unos doce exploradores, entre los que se encuentra un cuarteto de jubilados del sur de Francia. “A veces también vienen niños”, indica Rémy. “Para ellos es una experiencia mágica”. Las preguntas no paran y nuestro guía recuerda al terrible “Joe, el ñu” que acosa a cualquiera que penetre en su territorio hasta expulsarlo, evoca los nacimientos en el parque y narra la historia de esa temeraria abuela que bajó del coche dentro del recinto de los tigres para aliviar una necesidad imperiosa. La conversación continúa alrededor del fuego, sentados bajo las estrellas sobre un tonelete o un sencillo tronco. Pronto será medianoche y los aventureros van retirándose mientras se consumen las últimas brasas.

Photo T. Le Gourrierec

¡La aventura continua al día siguiente!

Al levantarse, se respira un buen humor general a pesar de una noche un poco agitada para algunos debido a los rugidos y los bramidos que se oían a lo lejos. Ducha rápida en unos baños cómodos instalados para los participantes que, tras tomar el desayuno, pasean un poco por el campamento. Llega la hora de hacer las maletas y volver al camión. Para prolongar un poco más el placer, la noche que hemos pasado en el campamento nos permite visitar hoy otras partes del parque: el Camino de la Maleza, la Ciudad Marina y su espectáculo con delfines, el Templo de la Jungla y el Sendero de los Incas. Y por supuesto, también está el safari que nosotros podemos volver a hacer a nuestro aire en coche con entrada prioritaria por la mañana, antes de la llegada de los visitantes “normales”. Es un último privilegio en esta experiencia única que, tal como diría Martina, demuestra que “para viajar lejos, no hace falta ir tan lejos”.

Chemin de brousse Cité Marine
Sentier des Incas Village de Kirikou
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