Subir a bordo de un submarino militar. ¡Bienvenido al Espadon!

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Provoca cierto escalofrío infiltrarse en las entrañas del Espadon, un auténtico submarino militar amarrado al puerto de Saint-Nazaire. Este monstruo de los mares sigue a flote y da la impresión de que la tripulación acabe de amarrarlo


El submarino Espadon sigue flotando en las aguas del puerto de Saint-Nazaire

Ahí sigue, semisumergido, camuflado en la sombra… Entre los gruesos muros de cemento de la esclusa fortificada del puerto de Saint-Nazaire se esconde la alargada silueta negra de un submarino militar de los años 60. Audioguías en ristre, el público penetra en la masa oscura y metálica a través de una escalera vertical y durante media hora visita salas llenas de relojes de mando, maquinaria y mandos de control.

Un coloso que dio 17 vueltas a la tierra

A bordo, a veces hacerse paso es difícil porque los espacios son muy angostos. Es difícil imaginar que 67 personas pudieran vivir aquí ocupando por turnos las estrechas literas y duchándose en la única ducha de agua… marina fría. Este coloso de 78 metros surcó todas las aguas del planeta, incluso navegó bajo la banquisa del círculo polar. En total recorrió 360.547 millas marinas que equivale a 17 vueltas a la tierra.

Descubrir el día a día de la tripulación

Situado a mitad del submarino, el puesto de “oídos de oro” demuestra las increíbles aptitudes de los tripulantes de un submarino que a través de sus cascos podían distinguir cada uno de los sonidos percibidos y clasificarlos en barcos navegando por la superficie, icebergs partidos por la mitad o bancos de miles de gambas golpeando las paredes. Los sonidos emitidos sumergen por completo al visitante para que se imagine en plena misión de vigilancia marina, entrenando para las maniobras o para hacerse al océano. Es difícil no apreciar el increíble calor de la sala de máquinas, la alternancia de los luces blancas y rojas para indicar el día y la noche, la simulación de un torpedo… ¡Tres, dos, uno… ¡Inmersión!

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